Centros de Datos de EE. UU.: El Impacto Ambiental de la Inteligencia Artificial
El crecimiento de la inteligencia artificial está provocando una expansión sin precedentes de los centros de datos en Estados Unidos. Detrás de cada consulta a una IA, servicio en la nube, plataforma digital o aplicación existe una infraestructura que necesita enormes cantidades de electricidad para funcionar y mantenerse refrigerada.
La pregunta es inevitable: ¿cuánto CO₂ generan realmente los centros de datos y a cuántos automóviles equivalen esas emisiones?
Las estimaciones más recientes muestran que el impacto podría ser considerable.
101,5 millones de toneladas de CO₂ al año
Un análisis publicado por el Financial Times estudió 60 de los mayores centros de datos que están siendo desarrollados en Estados Unidos por compañías como Amazon, Microsoft, Google y Meta.
Según el análisis, cuando estas instalaciones estén completamente operativas podrían generar hasta 101,5 millones de toneladas de CO₂ al año, dependiendo de las fuentes de electricidad utilizadas.
Para poner esa cantidad en perspectiva, equivale aproximadamente a las emisiones anuales de 24 millones de automóviles de gasolina.
La cifra representa alrededor del 7 % de las emisiones del sector eléctrico estadounidense previstas para 2025.
¿Por qué los centros de datos consumen tanta electricidad?
Los centros de datos necesitan electricidad las 24 horas del día para mantener funcionando miles de servidores.
La situación se ha intensificado con el desarrollo de la inteligencia artificial. Los sistemas de IA requieren grandes cantidades de capacidad informática, especialmente durante el entrenamiento de modelos y cuando millones de usuarios realizan consultas simultáneamente.
Pero los servidores no son el único problema.
Una parte importante de la electricidad también se utiliza para:
- Refrigerar los equipos.
- Mantener funcionando los sistemas de almacenamiento.
- Alimentar redes y equipos de comunicación.
- Mantener sistemas de respaldo.
- Garantizar operaciones continuas.
- Proteger los equipos frente a temperaturas elevadas.
Por este motivo, un centro de datos puede consumir electricidad de manera constante durante todo el año.
Los centros de datos ya representan una parte importante del consumo eléctrico
Un estudio publicado en 2026 por investigadores de Harvard estimó las emisiones de 403 centros de datos hyperscale estadounidenses.
El análisis encontró que estas instalaciones consumieron entre aproximadamente 68 y 99 TWh de electricidad, dependiendo del escenario utilizado, y estuvieron asociadas con unas 37 a 54 millones de toneladas de CO₂.
En el escenario central, alrededor del 54 % de la electricidad atribuida a estos centros procedía de fuentes fósiles.
Otro estudio del National Bureau of Economic Research, basado en aproximadamente 2.800 centros de datos operativos en 2025, estimó un consumo de unos 250 TWh de electricidad, equivalente a aproximadamente entre el 5 % y el 6 % de la generación eléctrica estadounidense.
Las cifras varían porque los estudios utilizan diferentes metodologías y no siempre consideran las mismas instalaciones.
¿Son realmente equivalentes a millones de automóviles?
Sí, pero hay que entender qué significa esta comparación.
Cuando se dice que las emisiones equivalen a las de 24 millones de automóviles, no significa que los centros de datos tengan emisiones directas similares a los tubos de escape de esos vehículos.
La comparación convierte una cantidad de CO₂ en una referencia más fácil de comprender.
La propia Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) dispone de una calculadora de equivalencias que permite convertir emisiones de gases de efecto invernadero en cantidades equivalentes a las emisiones anuales de vehículos de pasajeros.
Por eso, decir que una determinada cantidad de CO₂ equivale a millones de coches sirve para dimensionar el problema.
El verdadero problema está en cómo se genera la electricidad
Los centros de datos no necesariamente producen todo ese CO₂ directamente.
La mayor parte de las emisiones está relacionada con la electricidad que consumen y, por tanto, con la forma en que se genera esa electricidad.
Un centro de datos alimentado principalmente por energía solar, eólica, hidroeléctrica o nuclear puede tener una huella de carbono operacional muy diferente a otro que dependa de centrales de carbón o gas natural.
Y aquí aparece uno de los principales desafíos de la expansión de la inteligencia artificial.
La demanda eléctrica está creciendo tan rápidamente que algunas empresas y compañías eléctricas están recurriendo a nuevas instalaciones de generación a gas para abastecer los centros de datos.
Un informe citado por Reuters identificó 74 proyectos de generación a gas destinados a suministrar electricidad directamente a centros de datos, con una capacidad proyectada de 143 GW. El informe estimó que esas instalaciones podrían generar alrededor de 662 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año si todos los proyectos se construyeran y operaran según lo previsto.
La inteligencia artificial está cambiando el consumo energético
El crecimiento de la IA es uno de los principales factores detrás de esta transformación.
La demanda de electricidad de Estados Unidos alcanzó aproximadamente 4.195 TWh en 2025 y la Administración de Información Energética (EIA) prevé que aumente a unos 4.268 TWh en 2026 y 4.391 TWh en 2027.
La expansión de los centros de datos orientados a inteligencia artificial es uno de los factores que está impulsando este crecimiento.
Además, un informe del Lawrence Berkeley National Laboratory publicado en 2026 estima que los centros de datos podrían representar alrededor del 11,8 % del consumo eléctrico estadounidense para 2030, aunque los escenarios analizados presentan un rango aproximado de 9,5 % a 15,3 %.
¿Qué ocurrirá si continúa el crecimiento?
El desafío será conseguir que la generación eléctrica crezca al mismo ritmo que la demanda sin aumentar proporcionalmente las emisiones.
Las empresas tecnológicas están anunciando inversiones en energías renovables, almacenamiento y contratos de electricidad limpia. Sin embargo, la construcción de nueva infraestructura energética puede tardar años.
Mientras tanto, las centrales de gas pueden convertirse en una solución rápida para cubrir la creciente demanda.
Esto explica por qué el crecimiento de los centros de datos puede tener consecuencias ambientales muy diferentes dependiendo de dónde se construyan y de qué fuentes de energía utilicen.
¿Cuántos coches representan las emisiones?
Tomando como referencia el análisis de los 60 grandes centros de datos en desarrollo, los 101,5 millones de toneladas de CO₂ anuales equivaldrían aproximadamente a:
24 millones de automóviles de gasolina circulando durante un año.
Es una comparación enorme, pero también hay que tener presente que se trata de una estimación sobre centros de datos en desarrollo y no de todos los centros de datos existentes en Estados Unidos.
Por eso, no debe interpretarse como que todos los centros de datos estadounidenses emiten actualmente 101,5 millones de toneladas de CO₂.
¿Los centros de datos pueden reducir sus emisiones?
Sí. Existen varias estrategias para disminuir su impacto ambiental:
Energías renovables
La utilización de energía solar y eólica puede reducir significativamente las emisiones asociadas al consumo eléctrico.
Mayor eficiencia
Los nuevos procesadores y sistemas de refrigeración pueden realizar más operaciones utilizando menos electricidad.
Refrigeración más eficiente
Los sistemas de refrigeración representan una parte importante del consumo energético de los centros de datos. Mejorarlos puede reducir considerablemente la demanda.
Almacenamiento de energía
Las baterías pueden ayudar a utilizar electricidad limpia cuando está disponible y reducir la dependencia de generación fósil durante determinados períodos.
Ubicación estratégica
Construir centros de datos en regiones con abundante energía limpia puede reducir su intensidad de carbono.
El crecimiento tiene un coste ambiental
La expansión de los centros de datos es fundamental para servicios digitales, computación en la nube e inteligencia artificial. Sin embargo, su crecimiento también plantea un problema energético que hasta hace pocos años era mucho menos visible para el público.
Los datos disponibles muestran que el consumo eléctrico de los centros de datos estadounidenses está creciendo rápidamente, y una parte de esa electricidad todavía procede de combustibles fósiles.
La cuestión ya no es solamente cuánta inteligencia artificial podemos desarrollar, sino con qué cantidad de energía y con qué impacto ambiental queremos hacerlo.
Los centros de datos se están convirtiendo en una pieza fundamental de la economía digital y de la revolución de la inteligencia artificial.
Las estimaciones disponibles para 2026 muestran que el impacto puede ser considerable. Solo 60 grandes centros de datos actualmente en desarrollo podrían llegar a producir alrededor de 101,5 millones de toneladas de CO₂ al año, una cantidad comparable a las emisiones de aproximadamente 24 millones de automóviles de gasolina.
El desafío para Estados Unidos será conseguir que la enorme demanda energética generada por la IA sea acompañada por una expansión suficiente de fuentes de energía de bajas emisiones.
En los próximos años, la eficiencia de los centros de datos, las energías renovables, el almacenamiento y la evolución de la red eléctrica serán determinantes para saber si el crecimiento de la inteligencia artificial también se convierte en un crecimiento significativo de las emisiones.
La revolución de la IA no solo necesita chips y servidores. También necesita enormes cantidades de electricidad. Y la forma de producir esa electricidad determinará buena parte de su impacto sobre el clima.
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