El fin de una era: ¿Por qué el iPhone ya no emociona a nadie?
Ya no hay filas interminables fuera de las tiendas, ni noches de desvelo esperando una transmisión en vivo, ni sorpresas que nos dejen con la boca abierta. Hubo un tiempo, no tan lejano, en que la presentación de un nuevo teléfono se sentía como asomarse por una ventana hacia el futuro. Cada septiembre traía consigo un salto evolutivo real: pasábamos de pantallas diminutas a paneles de alta definición, descubríamos el reconocimiento de huellas dactilares o nos asombrábamos con cámaras capaces de borrar el fondo de una imagen de forma casi mágica. Hoy, en cambio, la presentación de un nuevo dispositivo se parece más a un trámite de oficina corporativa o a la actualización anual de un catálogo de autos. La magia de la innovación ha sido reemplazada por una sutil lista de mejoras incrementales que apenas justifican el desembolso de una pequeña fortuna. La realidad detrás de este desencanto es que la tecnología móvil ha alcanzado su techo de madurez. Los teléfonos actuales son tan in...