¿La inteligencia artificial está empezando a destruir la web que necesita para funcionar?
La inteligencia artificial necesita Internet.
Para responder preguntas, resumir noticias, explicar conceptos y encontrar información, los sistemas de IA necesitan enormes cantidades de contenido creado por personas y publicado en páginas web.
Pero aquí aparece una paradoja.
¿Qué ocurre si la inteligencia artificial utiliza ese contenido para responder directamente a los usuarios y esos usuarios dejan de visitar las páginas que crearon la información?
La pregunta ya no es teórica.
En Francia, una asociación que representa a medios de comunicación ha pedido a las autoridades de competencia que intervengan contra Google por sus resúmenes generados mediante inteligencia artificial. Los editores sostienen que estas respuestas están reduciendo las visitas a sus sitios y, por tanto, también sus ingresos. Según cifras citadas por la asociación y atribuidas al regulador francés Arcom, la caída del tráfico de los medios estaría entre el 33% y el 38%.
Y eso nos lleva a una pregunta todavía más incómoda:
¿Puede la inteligencia artificial terminar perjudicando a la misma web que necesita para funcionar?
El buscador ya no funciona como antes
Durante muchos años, Google funcionó principalmente como una puerta de entrada a Internet.
Una persona escribía una pregunta.
Google mostraba una lista de páginas.
El usuario elegía un resultado y entraba en el sitio web.
Ese sistema creó una enorme economía alrededor de las visitas.
Los sitios necesitaban aparecer en los resultados de búsqueda porque las visitas podían convertirse en publicidad, suscripciones, ventas o nuevos lectores.
Pero ahora Google puede responder directamente muchas de esas preguntas.
En lugar de mostrar solamente una lista de enlaces, puede colocar un resumen generado por inteligencia artificial en la parte superior de los resultados.
El usuario puede leer la respuesta sin necesidad de abrir las páginas originales.
Y ahí comienza el problema.
Una respuesta puede ahorrar tiempo al usuario, pero también puede quitarle una visita al sitio que produjo la información.
El clic se está convirtiendo en algo menos frecuente
Una investigación publicada este mes analizó el comportamiento de usuarios frente a las páginas de resultados que muestran AI Overviews.
El resultado es llamativo: los clics hacia las fuentes citadas dentro de esos resúmenes fueron muy poco frecuentes, alrededor del 1% de las visitas analizadas. El estudio también encontró que la presencia de un resumen de IA estaba asociada con menos clics y con una mayor probabilidad de que la sesión de navegación terminara allí mismo.
Esto cambia completamente la relación entre buscador y página web.
Antes, el buscador necesitaba que el usuario hiciera clic.
Ahora puede intentar satisfacer al usuario antes de que llegue al sitio.
Para quien busca información, puede ser una mejora extraordinaria.
Para quien produce esa información, puede convertirse en un problema.
¿Quién paga por la información?
Aquí aparece una cuestión que muchas veces queda escondida detrás de la tecnología.
Crear información cuesta dinero.
Un periódico necesita periodistas.
Una revista necesita redactores.
Un sitio especializado necesita investigadores y especialistas.
Incluso una página pequeña necesita personas que escriban, revisen, actualicen y mantengan el contenido.
Durante años, una parte de ese coste se financió mediante publicidad generada por las visitas.
Pero si las visitas disminuyen, también puede disminuir la publicidad.
Y si los ingresos disminuyen, producir contenido original puede resultar más difícil.
Por eso el problema no consiste solamente en que un sitio reciba menos visitas.
El problema podría aparecer después:
¿Quién seguirá creando información de calidad si el modelo económico que la financiaba deja de funcionar?
La paradoja de la inteligencia artificial
Aquí encontramos una de las grandes paradojas de esta nueva etapa de Internet.
La inteligencia artificial necesita información.
Pero si la utilización de esa información reduce los ingresos de quienes la producen, podría terminar debilitando la producción de nueva información.
Es como si una biblioteca necesitara libros para funcionar, pero al mismo tiempo su sistema de distribución hiciera cada vez más difícil que los autores pudieran vivir de escribirlos.
Al principio puede parecer que no pasa nada.
Hay millones de páginas disponibles.
Pero Internet no es una fuente infinita de información nueva y confiable.
Cada día hay personas investigando, comprobando datos, haciendo fotografías, entrevistando expertos, escribiendo noticias y actualizando contenidos.
Si esa actividad deja de ser sostenible, la cantidad y calidad de la información disponible también podría verse afectada.
Google tiene otra visión
El conflicto no es tan sencillo como decir que Google está perjudicando a todos los sitios web.
Google sostiene que continúa enviando miles de millones de clics a los editores y que sus nuevas funciones de búsqueda están diseñadas para ayudar a los usuarios a encontrar información de mayor calidad.
La empresa también ha introducido enlaces y nuevas herramientas dentro de sus respuestas de IA para facilitar el acceso a las fuentes.
Pero los editores están observando algo diferente.
Para ellos, no basta con que una página aparezca mencionada dentro de una respuesta.
Necesitan que el usuario entre en ella.
Porque una mención no necesariamente genera un ingreso.
Y una cita no necesariamente paga al periodista que produjo la información.
El problema puede ser todavía mayor para los sitios pequeños
Los grandes medios tienen algunas posibilidades para negociar directamente con las empresas de inteligencia artificial.
Pueden establecer acuerdos de licencia.
Pueden negociar compensaciones.
Pueden desarrollar aplicaciones propias.
Pueden utilizar suscripciones.
Pero un pequeño sitio web no necesariamente tiene ese poder de negociación.
Y aquí aparece una posible consecuencia que afecta a toda Internet.
Si las grandes empresas tecnológicas terminan favoreciendo principalmente a las grandes fuentes de información, los sitios pequeños podrían perder visibilidad.
Eso podría hacer que Internet se concentre todavía más en unas pocas empresas y grandes medios.
Y sería precisamente lo contrario de lo que hizo grande a la web original: millones de personas y pequeñas organizaciones creando y compartiendo información.
La nueva batalla ya no es solamente por aparecer en Google
Durante años, los sitios web compitieron por aparecer en la primera posición de Google.
Se creó toda una industria alrededor del SEO, la optimización para buscadores.
Pero ahora aparece una nueva competencia.
Los sitios quieren que sus contenidos sean utilizados como fuentes por los sistemas de inteligencia artificial.
Ya no se trata solamente de conseguir el primer lugar en una página de resultados.
También se trata de conseguir aparecer dentro de la respuesta.
Eso está creando una nueva disciplina conocida como optimización para motores generativos, o GEO.
La pregunta para un sitio web empieza a cambiar.
Antes era:
¿Cómo consigo que Google me coloque primero?
Ahora puede ser:
¿Cómo consigo que una inteligencia artificial considere mi contenido una fuente confiable?
Es un cambio enorme.
Y todavía estamos aprendiendo cómo funciona.
La web podría terminar dividida en dos
Podría aparecer una Internet en la que los usuarios consuman la mayor parte de la información a través de asistentes de inteligencia artificial.
La IA resumiría las noticias.
Explicaría los artículos.
Compararía productos.
Respondería preguntas.
Y solamente una pequeña parte de los usuarios llegaría hasta las páginas originales.
En ese escenario, las páginas web seguirían existiendo, pero podrían convertirse en fuentes invisibles.
El usuario conocería la información, pero quizá nunca conocería quién la produjo.
Y eso plantea otra cuestión importante:
¿Podemos mantener una Internet de calidad si las personas dejan de visitar las fuentes originales?
No existe todavía una respuesta definitiva.
La inteligencia artificial también puede beneficiar a la web
Sería injusto presentar todo esto como una amenaza.
Los sistemas de IA también pueden enviar nuevos usuarios a sitios especializados.
Pueden ayudar a descubrir páginas que antes resultaban difíciles de encontrar.
Pueden facilitar el acceso a información compleja.
Y pueden permitir que pequeños creadores lleguen a personas que nunca habrían encontrado sus contenidos mediante una búsqueda tradicional.
El problema está en encontrar un equilibrio.
La inteligencia artificial necesita utilizar información.
Los creadores necesitan recibir algún beneficio por producirla.
Y los usuarios necesitan obtener respuestas rápidas y útiles.
Los tres intereses tienen que poder convivir.
La pregunta que nadie puede responder todavía
La gran transformación de Internet no consiste simplemente en que ahora tengamos inteligencia artificial.
Consiste en que la IA está comenzando a colocarse entre nosotros y las páginas web.
Antes nosotros buscábamos la información.
Ahora una máquina puede buscarla, seleccionarla, resumirla y entregarnos una respuesta.
Eso es extraordinariamente cómodo.
Pero también significa que estamos cambiando quién controla el camino entre la información y el usuario.
Y todavía no sabemos cuáles serán las consecuencias.
Quizá la inteligencia artificial consiga crear una Internet más rápida y útil.
Quizá obligue a los sitios web a encontrar nuevos modelos de negocio.
O quizá descubramos dentro de algunos años que utilizamos tanto contenido de Internet para entrenar y alimentar a la IA que terminamos debilitando a quienes producen ese contenido.
Por eso la pregunta más importante no es si la inteligencia artificial necesita Internet.
Eso ya lo sabemos.
La pregunta es otra:
¿Puede la inteligencia artificial construir el futuro de Internet sin destruir el modelo que permitió que Internet existiera?
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