¿Qué significa que más de 2.000 millones de usuarios ya estén utilizando ChatGPT y Gemini?
¿Te imaginas que dos servicios de Internet diferentes llegaran a tener cada uno más de 1.000 millones de usuarios?
Eso ya está ocurriendo con la inteligencia artificial.
Google anunció el 11 de agosto que Gemini había superado los 1.000 millones de usuarios mensuales. OpenAI, por su parte, afirma que 1.000 millones de personas utilizan ChatGPT cada semana.
Las cifras no son exactamente iguales y no significan necesariamente que existan 2.000 millones de personas diferentes utilizando inteligencia artificial. Pero el dato importante es otro: dos asistentes de IA han alcanzado una escala que hasta hace muy poco parecía reservada para los grandes servicios de Internet.
Y esto plantea una pregunta mucho más interesante:
¿Qué ocurre con Internet cuando millones de personas dejan de buscar una respuesta en una página web y comienzan a pedírsela directamente a una inteligencia artificial?
La respuesta puede cambiar la forma en que utilizamos la web.
La inteligencia artificial dejó de ser una curiosidad
Cuando apareció ChatGPT, muchas personas lo probaron simplemente por curiosidad.
Le hacían preguntas, le pedían que escribiera un texto, que explicara un concepto o que inventara algo.
Pero esa etapa parece haber quedado atrás.
OpenAI afirma que más de 1.000 millones de personas utilizan ChatGPT cada semana y que sus usuarios lo emplean para tareas que van desde preguntas y búsquedas hasta planificación, investigación, consejos y decisiones complejas.
La propia compañía señala que la utilización de ChatGPT está pasando de simplemente obtener respuestas a realizar tareas.
Eso representa un cambio importante.
La IA ya no es solamente algo que una persona abre cuando quiere experimentar con una nueva tecnología.
Para muchas personas se está convirtiendo en una herramienta habitual.
Y Google está viviendo algo parecido con Gemini.
Gemini supera los 1.000 millones de usuarios
El 11 de agosto, Google anunció que la aplicación Gemini había superado los 1.000 millones de usuarios mensuales.
La compañía calificó a Gemini como su producto de crecimiento más rápido y señaló que ya es el decimocuarto producto de Google que alcanza esa cifra.
Pero hay un detalle todavía más interesante.
Gemini no solamente está siendo utilizado para escribir textos.
Google informó que el 63% de sus usuarios utiliza la función de voz para conversar directamente con el asistente y que Gemini genera más de 150 millones de imágenes cada día.
Eso nos muestra que la relación con la inteligencia artificial está cambiando.
Ya no necesariamente tenemos que escribir una pregunta y esperar una respuesta.
Podemos hablar con ella.
Podemos mostrarle una imagen.
Podemos pedirle que analice un documento.
Podemos solicitarle que nos ayude a planificar algo.
Y cada vez más, podemos pedirle que haga tareas por nosotros.
La gran transformación puede estar en la búsqueda
Durante décadas, Internet funcionó de una manera bastante sencilla.
Una persona tenía una pregunta.
Abría un buscador.
Escribía algunas palabras.
El buscador mostraba una lista de páginas.
La persona entraba en esas páginas y buscaba la respuesta.
La inteligencia artificial está introduciendo otra posibilidad.
Una persona tiene una pregunta.
La escribe en ChatGPT o Gemini.
La inteligencia artificial analiza la petición y presenta una respuesta directamente.
Parece un cambio pequeño, pero no lo es.
Porque si una persona obtiene la información que necesita directamente de un asistente de IA, puede tener menos necesidad de visitar las páginas que tradicionalmente proporcionaban esa información.
Y ahí comienza uno de los grandes problemas para la web.
¿Qué pasará con las páginas que viven de las visitas?
La web puede estar entrando en una nueva etapa
Durante años, millones de sitios web dependieron de que las personas entraran desde Google.
Un artículo conseguía visitas.
Las visitas generaban publicidad.
La publicidad ayudaba a financiar el sitio.
Ese modelo permitió que Internet creciera hasta convertirse en una gigantesca biblioteca de información.
Pero la inteligencia artificial puede modificar esa cadena.
Si un asistente responde directamente a una pregunta, el usuario puede quedarse dentro del asistente.
Ya no necesita necesariamente abrir cinco enlaces para comparar información.
Esto no significa que las páginas web vayan a desaparecer.
Significa que tendrán que competir por algo diferente.
Ya no bastará con aparecer en una lista de resultados.
Será cada vez más importante producir información original, confiable y suficientemente útil para que los sistemas de inteligencia artificial la reconozcan y, sobre todo, para que las personas todavía quieran visitar la fuente original.
El siguiente campo de batalla puede ser la atención
Google y OpenAI no solamente están compitiendo por quién tiene el modelo de inteligencia artificial más avanzado.
También están compitiendo por convertirse en el lugar donde las personas comienzan sus actividades digitales.
Google ya posee el buscador, Android, Chrome, Gmail, YouTube y muchos otros servicios.
OpenAI tiene ChatGPT y está ampliando rápidamente las funciones que pueden realizar sus modelos.
Por eso los 1.000 millones de usuarios de Gemini no son solamente una cifra de crecimiento.
Y los 1.000 millones de usuarios semanales de ChatGPT tampoco.
Representan una batalla por algo mucho más valioso:
la atención de los usuarios.
Si una persona comienza su día preguntándole a una IA qué debe hacer, qué noticias debe leer, qué comprar, cómo resolver un problema o cómo organizar su trabajo, esa inteligencia artificial puede convertirse en una nueva puerta de entrada a Internet.
Y quien controle esa puerta tendrá una enorme influencia sobre cómo las personas encuentran información.
¿Estamos dejando de buscar?
No exactamente.
Pero probablemente estamos empezando a buscar de otra manera.
La búsqueda tradicional consiste en encontrar documentos.
La búsqueda mediante inteligencia artificial intenta encontrar una respuesta.
La diferencia parece pequeña, pero puede tener enormes consecuencias.
Cuando buscamos en un buscador tradicional, nosotros hacemos parte del trabajo: elegimos los resultados, abrimos páginas, comparamos información y decidimos qué creer.
Cuando preguntamos a una inteligencia artificial, delegamos una parte de ese trabajo.
Eso resulta cómodo.
También significa que debemos confiar más en el sistema que nos entrega la respuesta.
Y aquí aparece otro problema.
¿Quién decide qué información termina formando parte de esa respuesta?
La inteligencia artificial puede resumir miles de páginas en unos pocos párrafos, pero el usuario normalmente no ve todo el proceso que ocurrió detrás.
Por eso la calidad de las fuentes, la transparencia y la posibilidad de comprobar la información serán cada vez más importantes.
La IA también puede cambiar nuestra relación con Internet
Hasta ahora, Internet era principalmente un lugar al que íbamos.
Entrábamos en Google.
Entrábamos en YouTube.
Entrábamos en una página.
Entrábamos en una red social.
Con los asistentes de inteligencia artificial puede ocurrir algo diferente.
En lugar de entrar en muchos sitios diferentes, podemos comenzar a utilizar una sola interfaz para realizar muchas actividades.
Preguntar.
Investigar.
Escribir.
Traducir.
Planificar.
Crear imágenes.
Analizar documentos.
Programar.
Y posiblemente, cada vez más, realizar acciones directamente.
Eso puede convertir al asistente de IA en algo parecido a un intermediario entre nosotros y una parte importante de Internet.
Por eso los 1.000 millones de usuarios no son simplemente una cifra impresionante.
Son una señal de que el comportamiento de los usuarios está empezando a cambiar.
Y todavía estamos al principio.
La gran pregunta
Hace apenas unos años, hablar de asistentes de inteligencia artificial con cientos de millones de usuarios parecía ciencia ficción.
Ahora ChatGPT y Gemini han alcanzado cifras de usuarios que los colocan entre los servicios digitales de mayor escala del mundo.
Pero la verdadera revolución quizá no esté en cuántas personas utilizan inteligencia artificial.
Está en lo que esas personas dejarán de hacer.
Si cada vez más usuarios obtienen respuestas sin visitar páginas web, ¿qué ocurrirá con la Internet que conocemos?
Si una persona puede preguntarle directamente a una IA qué comprar, qué leer, qué aprender o cómo resolver un problema, ¿seguirá utilizando los buscadores de la misma manera?
Y si la respuesta es no, una pregunta todavía más importante queda sobre la mesa:
¿Estamos entrando en una Internet donde ya no buscamos páginas, sino respuestas?
El futuro de la web podría depender precisamente de esa respuesta.
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