El motor de plasma que podría cambiar los viajes a Marte: NASA prueba una tecnología 25 veces más potente

 


El próximo gran salto hacia Marte podría no parecerse a un cohete

Cuando pensamos en viajar a Marte, probablemente imaginamos un enorme cohete despegando de la Tierra y consumiendo toneladas de combustible.

Pero el futuro de los viajes interplanetarios podría ser muy diferente.

En los laboratorios de la NASA acaba de producirse una prueba que podría convertirse en uno de los pasos más importantes hacia una nueva generación de naves espaciales.

El Jet Propulsion Laboratory (JPL) probó un propulsor de plasma alimentado con litio que alcanzó una potencia de hasta 120 kilovatios.

La cifra es especialmente llamativa: representa más de 25 veces la potencia de los propulsores eléctricos utilizados actualmente por las naves de la NASA, como Psyche.

Y aquí comienza lo verdaderamente interesante.

Esta tecnología podría formar parte de futuros sistemas de propulsión eléctrica nuclear destinados a misiones humanas a Marte.

Un motor que no funciona como un cohete tradicional

Los motores químicos producen una enorme cantidad de empuje durante un periodo relativamente corto.

Son extraordinariamente potentes, pero necesitan grandes cantidades de combustible.

Los motores eléctricos funcionan de una manera completamente diferente.

En lugar de quemar combustible para generar una explosión controlada, utilizan electricidad para acelerar partículas cargadas a velocidades extremadamente altas.

El resultado es un empuje mucho menor.

Pero existe una enorme ventaja:

pueden seguir funcionando durante muchísimo tiempo.

Es como cambiar un gigantesco golpe de fuerza por un empuje constante durante semanas, meses o incluso años.

Y en el espacio profundo, esa diferencia puede ser revolucionaria.

NASA acaba de llevar esta tecnología a otro nivel

El 24 de febrero de 2026, investigadores del JPL encendieron el prototipo de un propulsor conocido como magnetoplasmadinámico (MPD).

El sistema utiliza vapor de litio como propelente.

Durante las pruebas, el propulsor llegó a 120 kW, superando los niveles de potencia de cualquier propulsor eléctrico que actualmente utilice una nave de la NASA.

La prueba no fue simplemente una demostración de laboratorio.

Los investigadores buscaban comprobar si podían llevar este tipo de propulsión a niveles de potencia mucho mayores.

Y lo consiguieron.

Ahora comienza una etapa todavía más difícil: demostrar que el motor puede funcionar durante largos periodos sin que sus componentes sufran daños por las temperaturas extremas.

¿Por qué el plasma puede ser tan importante?

La clave está en la eficiencia.

Según NASA, la propulsión eléctrica puede utilizar hasta un 90 % menos propelente que los sistemas químicos tradicionales.

Esto podría tener enormes consecuencias para una misión a Marte.

Una nave espacial no solo necesita combustible para llegar.

También necesita transportar alimentos, agua, sistemas de soporte vital, equipos científicos, escudos contra la radiación y todo lo necesario para mantener con vida a una tripulación durante una misión que podría durar años.

Cada kilogramo cuenta.

Si una nave puede conseguir el mismo cambio de velocidad utilizando mucho menos propelente, se abre la posibilidad de transportar más carga útil.

Y eso podría ser decisivo para una futura misión humana.

El problema: estos motores tienen muy poco empuje

Aquí aparece una de las grandes diferencias con los cohetes tradicionales.

Un motor químico puede generar un enorme empuje durante unos minutos.

Un motor eléctrico de plasma proporciona un empuje mucho más pequeño.

A primera vista parece una desventaja.

Pero en el espacio no existe prácticamente resistencia del aire.

Eso significa que una nave puede seguir acelerando durante largos periodos.

Un pequeño empuje aplicado continuamente puede terminar produciendo velocidades enormes.

Es precisamente el principio que utiliza la nave Psyche.

Sus propulsores eléctricos producen un empuje muy pequeño, pero con el tiempo la nave puede alcanzar velocidades de hasta aproximadamente 200.000 km/h.

La idea para las futuras naves hacia Marte sería llevar este concepto a una escala completamente diferente.

La energía nuclear podría ser la pieza que falta

Aquí es donde el proyecto se vuelve realmente futurista.

Un propulsor de plasma de alta potencia necesita una enorme cantidad de electricidad.

Los paneles solares funcionan muy bien cerca del Sol, pero una misión humana a Marte necesita mucha energía y debe afrontar distancias cada vez mayores.

Por eso NASA está estudiando la combinación de:

reactor nuclear + generación eléctrica + motor de plasma.

En un sistema de propulsión eléctrica nuclear, un reactor de fisión produciría el calor necesario para generar electricidad.

Esa electricidad alimentaría los sistemas que ionizan y aceleran el propelente.

En teoría, esto permitiría mantener funcionando los propulsores durante periodos muy prolongados.

Y aquí aparece una posibilidad extraordinaria.

Una nave que acelera durante meses

Imaginemos una futura nave rumbo a Marte.

No necesitaría realizar una gigantesca combustión para alcanzar toda su velocidad.

Podría comenzar a acelerar suavemente.

Día tras día.

Semana tras semana.

Mes tras mes.

Mientras el motor continúa funcionando, la velocidad de la nave aumenta.

Esta estrategia podría permitir trayectorias mucho más eficientes que las utilizadas por las misiones químicas convencionales.

No significa que mañana podamos subirnos a una nave de plasma y viajar a Marte.

Todavía faltan años de desarrollo.

Pero el concepto deja de ser solamente ciencia ficción.

NASA quiere llegar mucho más lejos

El prototipo probado en 2026 alcanzó 120 kW.

Pero ese no es el objetivo final.

Los investigadores quieren desarrollar sistemas capaces de alcanzar entre 500 kW y 1 megavatio por propulsor.

Y una misión tripulada a Marte podría necesitar aproximadamente 2 a 4 megavatios de potencia.

Eso significa que una nave de este tipo podría necesitar varios propulsores funcionando simultáneamente.

El desafío tecnológico es enorme.

Los motores tendrían que funcionar durante miles de horas.

Y tendrían que soportar temperaturas extremas sin degradarse.

NASA estima que una misión humana a Marte podría requerir que los propulsores funcionaran durante más de 23.000 horas.

¿Podrían reducirse los tiempos de viaje a Marte?

Esta es probablemente la pregunta que más interesa.

La respuesta es: potencialmente sí, pero todavía no existe una cifra definitiva para una misión real utilizando este propulsor.

La NASA señala que los sistemas de propulsión nuclear-eléctrica podrían permitir tránsitos más rápidos hacia Marte y otros destinos del Sistema Solar.

Pero sería exagerado afirmar que el nuevo motor hará posible viajar a Marte en semanas o que ya está preparado para transportar astronautas.

Todavía estamos en la etapa de desarrollo y pruebas.

Sin embargo, la dirección tecnológica es clara.

La NASA está intentando pasar de motores eléctricos relativamente pequeños a sistemas de potencia mucho mayor.

El verdadero cambio podría ser la arquitectura de la nave

La revolución no estaría solamente en el motor.

Podría cambiar la manera en que diseñamos las naves espaciales.

Una futura nave interplanetaria podría tener:

  • Un reactor nuclear para generar energía.
  • Varios motores de plasma de alta potencia.
  • Grandes sistemas de radiadores para eliminar calor.
  • Tanques relativamente pequeños de propelente.
  • Sistemas autónomos capaces de controlar la trayectoria.
  • Grandes espacios destinados a la tripulación.

Sería más parecida a una nave espacial permanente que a un cohete convencional.

Una vez fuera de la atmósfera terrestre, el sistema podría funcionar durante meses mientras la nave atraviesa el espacio profundo.

Y el litio podría ser una de las claves

El propulsor probado por NASA utiliza litio metálico.

Esto también es interesante porque los sistemas MPD pueden alcanzar potencias mucho mayores que algunos propulsores eléctricos actualmente utilizados en misiones espaciales.

Durante las pruebas del JPL, un electrodo de tungsteno situado en el centro del propulsor alcanzó temperaturas superiores a 2.800 °C.

Ese dato demuestra precisamente el enorme desafío al que se enfrentan los ingenieros.

Crear plasma es una cosa.

Construir un motor que pueda soportarlo durante miles de horas es otra completamente diferente.

De Marte a los confines del Sistema Solar

Si esta tecnología consigue superar sus principales obstáculos, Marte podría ser solamente el comienzo.

Una propulsión eléctrica nuclear de megavatios podría resultar útil para misiones de larga duración hacia asteroides y regiones más alejadas del Sistema Solar.

A diferencia de los cohetes químicos, que dependen de grandes cantidades de propelente para producir grandes aceleraciones durante periodos cortos, los motores eléctricos están pensados para funcionar de otra manera.

Poco empuje, durante muchísimo tiempo.

Y en el espacio profundo, eso puede ser una combinación extraordinariamente poderosa.

¿Estamos viendo el nacimiento del motor de las primeras naves interplanetarias?

Quizás.

El experimento de NASA todavía no significa que una nave tripulada esté lista para partir hacia Marte.

Pero sí representa un cambio importante.

Por primera vez, un propulsor MPD de este tipo ha demostrado en Estados Unidos que puede alcanzar 120 kW, un nivel de potencia que NASA considera un paso hacia sistemas de propulsión eléctrica nuclear mucho más potentes.

El siguiente desafío será llevar el sistema a cientos de kilovatios y posteriormente al rango de los megavatios.

Si los ingenieros consiguen hacerlo funcionar durante miles de horas, podríamos estar ante una tecnología capaz de transformar la exploración humana del Sistema Solar.

Porque quizá el próximo gran cohete que lleve seres humanos a Marte no sea realmente un cohete.

Podría ser una nave impulsada lentamente por un río de plasma durante meses.

Y esa posibilidad cambia por completo la forma en que imaginamos nuestro camino hacia Marte. ¿Cómo serán los ordenadores del futuro? La revolución que está por llegar.




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