El asteroide que acabó con los dinosaurios también pudo crear un refugio para la vida
Hace unos 66 millones de años, un enorme asteroide chocó contra la Tierra en la región que hoy conocemos como la península de Yucatán, en México.
El impacto de Chicxulub desencadenó una de las mayores crisis biológicas de la historia del planeta. Generó terremotos, tsunamis, incendios y una enorme cantidad de polvo y gases que alteraron la atmósfera y el clima. El evento está vinculado con la extinción de los dinosaurios no aviares y de una gran cantidad de otras especies.
Pero existe una parte de esta historia que resulta mucho menos conocida.
El mismo impacto que provocó una catástrofe global también pudo crear un ambiente favorable para la vida.
Una investigación publicada en 2026 en Communications Earth & Environment concluyó que el sistema hidrotermal generado por el impacto de Chicxulub permaneció activo durante al menos 8 millones de años, aproximadamente cuatro veces más de lo que indicaban estimaciones anteriores. Los autores lo describen como el sistema hidrotermal generado por un impacto que ha tenido mayor duración conocida en la Tierra.
¿Qué ocurrió después del impacto?
Cuando el asteroide golpeó la región de Yucatán, liberó una cantidad extraordinaria de energía.
El cráter de Chicxulub tiene aproximadamente 200 kilómetros de diámetro y se extiende tanto bajo la península como bajo el actual golfo de México.
El impacto fracturó y calentó enormes volúmenes de roca. Además, generó una gran estructura permeable por la que podían circular fluidos.
El resultado fue algo parecido, a una escala gigantesca, a un sistema de circulación hidrotermal.
El agua entraba en contacto con rocas calientes, se calentaba, reaccionaba químicamente con ellas y posteriormente podía regresar hacia zonas más frías.
Ese proceso pudo mantenerse durante millones de años.
Un laboratorio natural creado por un asteroide
Los sistemas hidrotermales son especialmente interesantes para los científicos porque combinan varios ingredientes importantes:
agua + calor + minerales + reacciones químicas
En determinadas condiciones, estos ambientes pueden proporcionar energía y compuestos químicos aprovechables por microorganismos.
Por eso, los sistemas hidrotermales también ocupan un lugar importante en las investigaciones sobre el origen y la evolución temprana de la vida.
El nuevo estudio sobre Chicxulub plantea que una actividad hidrotermal tan prolongada habría proporcionado una ventana de oportunidad extraordinariamente extensa para reacciones químicas prebióticas y para la supervivencia o desarrollo de microorganismos.
Esto no significa que los científicos hayan demostrado que la vida se originó allí.
La conclusión es más prudente y, al mismo tiempo, muy interesante:
el ambiente generado por el impacto pudo haber sido habitable para determinadas formas de vida.
Ocho millones de años de actividad
La cifra resulta sorprendente.
El equipo científico utilizó datación radiométrica de muestras obtenidas del cráter y modelos numéricos para reconstruir cuánto tiempo pudo permanecer activo el sistema hidrotermal.
El resultado fue de al menos 8 millones de años.
Según los investigadores, esta duración es aproximadamente cuatro veces mayor que algunas estimaciones anteriores y convierte a Chicxulub en el sistema hidrotermal generado por un impacto de mayor duración documentado hasta ahora en nuestro planeta.
Para comprender la magnitud de esta cifra, hay que recordar que hablamos de un sistema que comenzó a existir inmediatamente después de una de las mayores catástrofes biológicas conocidas.
Mientras los ecosistemas de la superficie sufrían las consecuencias del impacto, en las profundidades del cráter se desarrollaba una historia geológica completamente diferente.
¿Podía existir vida allí?
Esta es probablemente la pregunta más fascinante.
Los investigadores consideran que los sistemas hidrotermales pueden ofrecer condiciones adecuadas para microorganismos, especialmente aquellos capaces de vivir en ambientes extremos.
Las evidencias obtenidas mediante perforaciones en Chicxulub ya habían demostrado que el impacto produjo una extensa alteración hidrotermal de las rocas.
Los estudios anteriores encontraron temperaturas iniciales de aproximadamente 300 a 400 °C en determinadas zonas del sistema, aunque las condiciones fueron cambiando a medida que el cráter se enfriaba.
Eso no significa que todo el sistema tuviera esas temperaturas durante millones de años.
De hecho, la posibilidad de que existieran diferentes zonas térmicas es precisamente lo que hace interesante al sistema: mientras algunas regiones eran demasiado calientes, otras podían ofrecer condiciones mucho más favorables para microorganismos.
La conexión con la vida extrema
En la Tierra actual existen microorganismos capaces de vivir en ambientes que durante mucho tiempo fueron considerados incompatibles con la vida.
Se encuentran en lugares extremadamente calientes, con alta presión, elevada acidez o grandes concentraciones de minerales.
Los sistemas hidrotermales modernos son uno de los ambientes donde los científicos estudian estas formas de vida.
Por eso, estudiar Chicxulub permite hacer una pregunta que va mucho más allá de los dinosaurios:
¿Podrían los grandes impactos de asteroides crear temporalmente nuevos ambientes habitables?
La respuesta parece ser que, al menos en determinadas circunstancias, sí pueden generar condiciones potencialmente favorables para la vida.
El cráter también conserva pistas sobre la recuperación de la vida
Chicxulub no solamente permite estudiar lo que ocurrió durante el impacto.
Las perforaciones realizadas en el cráter también han proporcionado información sobre cómo se recuperaron los ecosistemas después de la catástrofe.
Investigaciones recientes sobre los materiales recuperados del subsuelo indican que el cráter conservó evidencias de un sistema hidrotermal prolongado y de microorganismos termófilos presentes en el subsuelo profundo.
Otros estudios han encontrado indicios de que la actividad hidrotermal pudo favorecer la circulación de nutrientes y contribuir a la recuperación de la vida marina en el entorno del cráter durante cientos de miles de años después del impacto.
Un impacto que fue destrucción y también transformación
La historia de Chicxulub muestra que los acontecimientos geológicos rara vez tienen una sola consecuencia.
Para los ecosistemas de la superficie, el impacto fue devastador.
Pero desde el punto de vista geológico, el mismo evento transformó profundamente la corteza terrestre y creó un enorme sistema hidrotermal.
Esto cambia también la manera en que los científicos observan los impactos de asteroides.
Durante mucho tiempo fueron considerados principalmente acontecimientos destructivos.
Hoy sabemos que también pueden modificar ambientes, crear nuevas estructuras geológicas y, bajo determinadas condiciones, generar lugares potencialmente habitables.
¿Qué significa esto para la búsqueda de vida fuera de la Tierra?
Aquí aparece una conexión fascinante con la astrobiología.
Si un impacto puede generar agua caliente, circulación de fluidos, minerales y energía química, entonces los cráteres de impacto de otros mundos podrían convertirse en lugares interesantes para buscar señales de habitabilidad.
Esto resulta especialmente relevante cuando estudiamos planetas y lunas donde existen evidencias de agua o hielo.
Un impacto no necesariamente significa solamente destrucción.
También puede crear un laboratorio geológico temporal.
En mundos donde las condiciones superficiales son extremas, los sistemas hidrotermales situados bajo la superficie podrían ofrecer ambientes diferentes y, potencialmente, más favorables.
Chicxulub todavía tiene secretos
Aunque han pasado unos 66 millones de años desde el impacto, Chicxulub continúa siendo uno de los grandes laboratorios naturales de la Tierra.
Las perforaciones científicas realizadas en el cráter han permitido estudiar directamente las rocas afectadas por el impacto y reconstruir parte de lo que ocurrió después.
Y cada nueva investigación agrega una pieza al rompecabezas.
El descubrimiento de que el sistema hidrotermal pudo mantenerse activo durante al menos 8 millones de años amplía considerablemente nuestra visión sobre las consecuencias de los grandes impactos.
El asteroide que contribuyó a terminar con el dominio de los dinosaurios no aviares dejó tras de sí mucho más que un cráter.
Dejó una estructura geológica gigantesca, un sistema hidrotermal que sobrevivió durante millones de años y nuevas pistas sobre la capacidad de nuestro planeta para transformar una catástrofe en un escenario potencialmente favorable para la vida.
Una última pregunta
Quizás la cuestión más interesante no sea solamente qué destruyó Chicxulub, sino qué pudo haber creado.
Porque el mismo impacto que cambió para siempre la historia de la vida en la superficie también pudo haber abierto, bajo tierra y bajo el océano, un nuevo capítulo en la historia de la vida.
Y esa posibilidad convierte a Chicxulub en mucho más que el lugar donde terminó una era.
También podría ser una ventana para comprender cómo la vida sobrevive, se recupera y encuentra oportunidades incluso después de las mayores catástrofes planetarias.
Nature — A long-lived impact-generated hydrothermal system at the Chicxulub impact structure
Lunar and Planetary Institute — Chicxulub hydrothermal system
University of Texas at Austin — Hydrothermal System Helped Life Recover After Dino-Killing Asteroid
PubMed — Probing the hydrothermal system of the Chicxulub impact crater
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