Láseres en el espacio: la nueva apuesta para crear una red eléctrica orbital

 

El futuro de los satélites podría depender de algo tan básico como la electricidad.

A medida que aumenta la cantidad de satélites y crecen las aplicaciones de computación, inteligencia artificial, observación de la Tierra y comunicaciones en órbita, también aumenta la demanda de energía. El problema es que cada nave espacial tiene que generar, almacenar y administrar su propia electricidad.

Una empresa estadounidense quiere cambiar ese modelo.

Star Catcher, una compañía con sede en Florida, está desarrollando una red de satélites capaces de recolectar energía solar, concentrarla y transmitirla mediante haces de luz hacia otras naves espaciales.

El primer paso importante está a punto de producirse con Protostar, un satélite prototipo que viajará a bordo de la misión Transporter-18 de SpaceX. La misión tiene como objetivo demostrar la transmisión de energía entre dos naves espaciales independientes en órbita.

Si la demostración funciona como está previsto, podría abrir una nueva posibilidad para la infraestructura espacial: una red eléctrica orbital capaz de suministrar energía bajo demanda a otros satélites.

El problema energético de los satélites

Un satélite depende de sus paneles solares para producir electricidad.

La energía generada se utiliza para mantener funcionando los sistemas de comunicación, computadoras, sensores, propulsión y cargas útiles.

Pero existe una limitación fundamental:

un satélite solamente puede producir tanta energía como le permitan sus sistemas de generación y almacenamiento.

Aumentar esa capacidad normalmente significa utilizar paneles solares más grandes, baterías más grandes y una estructura más pesada.

Esto puede incrementar el tamaño, la masa, el coste y la complejidad de una misión.

Star Catcher sostiene que el crecimiento de las aplicaciones espaciales está haciendo que esta limitación energética sea cada vez más importante. La empresa proyecta que la demanda energética de los satélites continuará creciendo durante esta década, especialmente debido a cargas útiles de alta potencia y computación orbital.

La idea: llevar electricidad de un satélite a otro

La propuesta de Star Catcher cambia el concepto tradicional.

En lugar de que cada satélite tenga que producir toda la energía que necesita, una red de Power Nodes podría actuar como una infraestructura energética compartida.

El proceso sería aproximadamente así:

Sol → captación solar → concentración de energía → láser → satélite receptor → panel solar → electricidad

Los nodos de la red recogerían la luz solar, la concentrarían y convertirían esa energía en un haz óptico diseñado para ser recibido por los paneles solares de otro satélite.

La nave receptora no necesitaría necesariamente instalar un nuevo sistema de generación de energía.

La propuesta de Star Catcher consiste en transmitir la energía directamente hacia los paneles solares que ya utilizan determinadas naves.

¿Por qué utilizar láseres?

Un haz de luz puede concentrar energía y dirigirla con precisión hacia un objetivo situado a distancia.

En el espacio, donde no existe la atmósfera terrestre interfiriendo de la misma manera que en una transmisión desde la superficie, un sistema óptico puede utilizarse para enviar energía de forma muy dirigida.

La clave está en controlar con enorme precisión la posición del satélite emisor y del receptor.

Por eso, la tecnología no depende solamente del láser.

También necesita sistemas capaces de:

  • localizar la nave receptora;
  • mantener el objetivo dentro del haz;
  • compensar los movimientos orbitales;
  • controlar la orientación de la nave;
  • ajustar la transmisión;
  • detenerla cuando sea necesario.

Star Catcher ya realizó en 2025 una demostración orbital de sus sistemas de adquisición y seguimiento mediante la misión Sextant Alpha, un paso previo para desarrollar la futura transmisión energética entre naves.

Protostar: la prueba que puede cambiarlo todo

El siguiente paso es Protostar.

Según Star Catcher, el prototipo incorpora los principales elementos de su tecnología: captación de energía, adquisición y seguimiento de satélites y transmisión de energía.

Después de su lanzamiento y puesta en funcionamiento, Protostar intentará localizar un CubeSat y transmitirle energía mediante un haz óptico.

La empresa afirma que, si la demostración se completa con éxito, sería la primera transmisión de energía óptica entre dos naves espaciales independientes y en vuelo libre.

SpaceX incluye a Star Catcher Protostar entre las cargas útiles de Transporter-18 y sitúa su despliegue aproximadamente 1 hora y 4 minutos después del despegue en el perfil de misión publicado actualmente.

De una demostración a una red espacial

Protostar es solamente el primer paso.

La visión de Star Catcher es mucho más ambiciosa: construir una red de satélites energéticos capaces de suministrar electricidad a diferentes clientes en órbita.

La arquitectura propuesta estaría formada por múltiples Power Nodes distribuidos alrededor de la Tierra.

Cuando un satélite necesitara más energía, podría recibirla mediante un haz óptico desde uno de estos nodos.

La compañía plantea que sus sistemas podrían proporcionar hasta 10 veces más potencia disponible bajo demanda que la que un satélite podría generar únicamente con sus sistemas solares propios, sin modificar necesariamente sus paneles existentes. Esa cifra corresponde a la propuesta y especificaciones de la empresa, no a una capacidad ya demostrada comercialmente en órbita.

¿Qué podría cambiar con una red eléctrica espacial?

La disponibilidad de energía adicional podría modificar el diseño de futuras misiones.

Actualmente, los ingenieros deben diseñar una nave alrededor de su presupuesto energético.

Eso significa calcular cuidadosamente cuánta electricidad estará disponible para cada sistema.

Una infraestructura energética orbital podría permitir que determinadas misiones dispongan de energía adicional cuando la necesiten.

Esto podría resultar especialmente interesante para:

Computación orbital

Los centros de procesamiento de datos en el espacio necesitan cantidades crecientes de electricidad.

Más energía permitiría utilizar procesadores y sistemas de computación de mayor potencia.

Inteligencia artificial

Los sistemas de IA necesitan una considerable capacidad de procesamiento.

Una infraestructura energética adicional podría facilitar aplicaciones de inteligencia artificial directamente en órbita.

Observación de la Tierra

Los satélites de observación utilizan sensores, radares y sistemas ópticos cada vez más sofisticados.

Más energía puede permitir períodos de funcionamiento más prolongados o cargas útiles más exigentes.

Comunicaciones

Los sistemas de comunicaciones también pueden beneficiarse de una mayor disponibilidad energética, especialmente en plataformas que necesitan mantener operaciones intensivas durante períodos prolongados.

Star Catcher señala precisamente estos sectores —computación, conectividad, observación y seguridad— como posibles mercados para su infraestructura energética orbital.

La gran ventaja: no cargar toda la infraestructura en cada satélite

Uno de los conceptos más interesantes es la posibilidad de separar generación y consumo.

En la Tierra ya conocemos este modelo.

Una central eléctrica produce energía y una red la distribuye hacia diferentes consumidores.

Star Catcher intenta trasladar una idea parecida al espacio.

En lugar de construir cada satélite como una unidad completamente autosuficiente, algunas naves podrían funcionar como nodos energéticos y otras como consumidores.

Eso convertiría la energía en un servicio de infraestructura orbital.

El espacio podría tener su propia "red eléctrica"

La comparación con una red eléctrica terrestre ayuda a entender el concepto.

En una ciudad, una vivienda no necesita tener una central eléctrica propia.

Recibe electricidad de una infraestructura compartida.

En una posible economía espacial futura podría ocurrir algo similar.

Un satélite podría generar parte de su propia electricidad y obtener energía adicional de una red orbital cuando fuera necesario.

El resultado sería una arquitectura mucho más flexible.

Pero todavía hay una diferencia fundamental:

en la Tierra tenemos cables y redes físicas; en el espacio habría que utilizar haces de energía dirigidos entre objetos que se desplazan a velocidades orbitales.

Ese es uno de los grandes desafíos de la propuesta.

El seguimiento es tan importante como el láser

Transmitir energía mediante láser no consiste simplemente en apuntar una luz hacia otro satélite.

Ambas naves están moviéndose constantemente.

Además, el receptor puede encontrarse a cientos de kilómetros de distancia.

Por eso, el sistema necesita conocer con precisión la posición, orientación y trayectoria del objetivo.

Star Catcher ha desarrollado sistemas de adquisición y seguimiento precisamente para resolver esta parte del problema. Su demostración Sextant Alpha de 2025 fue diseñada para validar capacidades de seguimiento y apuntado a distancias representativas de futuras operaciones de transmisión energética.

En otras palabras:

sin seguimiento preciso, no existe transmisión energética precisa.

Star Catcher ya probó la transmisión en tierra

La empresa no parte completamente desde cero.

En 2025 informó de una demostración terrestre en la que transmitió más de 1,1 kilovatios de potencia eléctrica hacia paneles solares comerciales mediante su sistema óptico.

Star Catcher presentó ese resultado como un récord de transmisión óptica de energía y como una prueba previa al desarrollo de su sistema orbital.

Pero existe una diferencia enorme entre hacerlo en la Tierra y hacerlo entre dos satélites.

En órbita hay que resolver simultáneamente:

distancia + movimiento orbital + apuntado + seguimiento + seguridad + conversión energética.

Por eso Protostar representa una prueba mucho más importante.

Los riesgos y desafíos

La idea resulta prometedora, pero todavía existen numerosos obstáculos.

Precisión

El haz debe alcanzar el receptor con enorme exactitud.

Eficiencia

Cada etapa de conversión energética implica pérdidas.

La energía solar debe captarse, concentrarse, convertirse en luz adecuada, transmitirse y finalmente convertirse nuevamente en electricidad.

Seguridad

Un sistema capaz de emitir haces energéticos hacia otros objetos deberá incorporar mecanismos para evitar transmisiones incorrectas.

Interferencias y coordinación

Una futura red con numerosos nodos necesitaría coordinar cuidadosamente quién transmite energía, hacia dónde y cuándo.

Costos

Construir y lanzar una infraestructura espacial completa requiere inversiones importantes.

Regulación

El uso de sistemas ópticos de alta potencia en órbita tendrá que integrarse con las normas y prácticas de seguridad espacial.

¿Es ya una red eléctrica espacial?

No.

Y esta distinción es importante.

Protostar es una demostración tecnológica.

La misión pretende demostrar que dos naves independientes pueden intercambiar energía mediante un sistema óptico en órbita.

Una red comercial requeriría posteriormente muchos más satélites, operaciones continuas, capacidad de seguimiento, mantenimiento, clientes y una economía que justifique el servicio.

Star Catcher afirma que ya está desarrollando los siguientes satélites y que aspira a comenzar el despliegue de una constelación durante los próximos años. Su hoja de ruta pública sitúa el despliegue de la constelación a partir de 2027.

El mercado ya empieza a tomar forma

La empresa también está intentando crear una base comercial para esta infraestructura.

En agosto de 2026 anunció un acuerdo de compra de energía con Aethero, una compañía enfocada en computación de alto rendimiento en el espacio.

Star Catcher afirma que este acuerdo fue su décimo contrato comercial de compra de energía anunciado.

En mayo de 2026, además, la empresa anunció una ronda de financiación de 65 millones de dólares, elevando su capital captado hasta entonces a 88 millones de dólares.

Estos acuerdos y financiación no garantizan que la red llegue a operar comercialmente, pero muestran que existe interés empresarial en convertir la energía orbital en una infraestructura de servicios.

¿Podría cambiar la economía espacial?

Si la transmisión inalámbrica de energía entre satélites demuestra ser técnicamente viable y económicamente sostenible, las consecuencias podrían ser importantes.

La energía dejaría de ser únicamente una característica incorporada a cada nave.

Podría convertirse en un servicio compartido.

Eso permitiría imaginar satélites diseñados con menor dependencia de enormes sistemas de almacenamiento, cargas útiles más potentes y misiones capaces de solicitar energía adicional cuando fuera necesario.

La idea es similar a la evolución de otras infraestructuras tecnológicas:

Primero cada sistema funciona de manera independiente.

Después aparece una infraestructura compartida.

Y finalmente esa infraestructura permite crear aplicaciones que antes eran demasiado costosas o complejas.

La prueba comienza en órbita

El lanzamiento de Protostar representa un momento importante para esta propuesta.

Si el experimento funciona, se habrá demostrado que es posible transmitir energía mediante luz entre dos naves espaciales independientes en condiciones orbitales reales.

Pero todavía quedará el desafío más grande:

convertir una demostración tecnológica en una infraestructura comercial confiable.

El verdadero futuro de esta idea dependerá de la eficiencia, seguridad, coste y capacidad de ampliar la red.

La electricidad podría convertirse en uno de los servicios fundamentales de la futura economía espacial.

Y esta vez, en lugar de cables, la red podría utilizar algo mucho más sorprendente:

haces de luz atravesando el espacio.

Conclusión

La carrera espacial está entrando en una nueva etapa.

Ya no se trata solamente de lanzar satélites y mantenerlos en órbita.

La siguiente generación de infraestructura espacial necesitará comunicaciones, computación, inteligencia artificial, almacenamiento y, sobre todo, energía suficiente para mantener funcionando todas esas tecnologías.

Protostar intentará demostrar que una nave puede enviar energía a otra mediante un haz óptico.

Si esa tecnología supera las siguientes etapas de desarrollo, el concepto de una red eléctrica espacial podría pasar de una idea experimental a una nueva pieza de infraestructura orbital.

Todavía queda mucho camino.

Pero el primer paso podría comenzar con un láser.

Porque el futuro de la energía espacial quizá no viaje por un cable: podría viajar a través de la luz.


Star Catcher — Protostar y la demostración de energía orbital

SpaceX — Transporter-18

Star Catcher — The Star Catcher Network



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